jueves, 17 de diciembre de 2009

Apuntes sobre literatura argentina y violencia: Borges y la violencia como cifra nacional.

En el marco de una lectura de los textos de Borges que toman la cuestión de la violencia como eje crítico, me resulta particularmente interesante la perspectiva borgeana de la violencia como cifra nacional.
Es notable, en principio, la coincidencia de esta perspectiva, que se puede leer en Borges en clave literaria, con el criterio crítico explícito de Viñas, en Mirada y violación en la literatura argentina. Notable porque se trata de dos escritores que parecen haber tomado caminos muy diferentes, y por momentos indiferentes el uno del otro: Viñas, en una entrevista que le hacen a propósito de Contorno, dice que Borges no le interesaba, y sin embargo vemos en Borges muchos elementos que nos permiten hacer una lectura política, ideológica, que liga la tradición literaria argentina con la violencia, a la manera de Viñas. Piglia, por ejemplo, en Ideología y ficción en Borges, hace esta lectura crítica.

En principio, dos textos claves pueden ser El sur, de Ficciones, y el Poema conjetural, de El otro, el mismo.

En estos dos textos la muerte tomada como tópico literario es la muerte violenta, y se trata de una violencia determinada por cuestiones políticas que atañen a la historia argentina.
Esta muerte violenta, que Sarmiento, en el Facundo, considera que es casi una muerte natural en Argentina, aparece nuevamente en Borges como cifra nacional: la muerte a cuchillo es la muerte criolla, el argentino muere en combate o en un duelo.
Explícitamente lo dice el Poema Conjetural: la muerte del coronel Laprida, tío bisabuelo de Borges, es un “destino sudamericano”, porque muere en combate, y lo mismo en cuanto al destino de Johannes Dahlmann en El sur, porque muere en un duelo.
Se trata de textos en donde la muerte violenta es una especie de fatalidad nacional. Encontrarla, sufrirla con valentía, es una manera de encontrarse con el destino propio de una vida argentina. Tanto así que los personajes se abandonan a esta posibilidad, buscan esta muerte, o permiten que suceda.
Esta muerte es la daga que un gaucho viejo, símbolo de la argentina criolla del siglo XIX, le tira al personaje de El sur para que pelee. Es también la muerte que, según Borges, figura la poética del tango: “el recuerdo imposible de haber muerto peleando en una esquina del suburbio”. Es la muerte ideal, la que Pedro Demián hubiera preferido. Y lo mismo en el Sur, ya que Borges escribe de Dahlmann: “Sintió que si él, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o soñado”.
Y ambos personajes prefiguran un poco al autor porque, como Borges, ellos eran hombres de estudio, de letras, abogados, que sin embargo son llamados por esta vertiente criolla, sienten el encanto, la poesía de esta violencia sudamericana como Sarmiento en el Facundo.

Desde luego que esta perspectiva de la muerte violenta como cifra nacional, la muerte del gaucho en un duelo o de un militar en combate, aparece, en la obra de Borges, como el elemento criollista, la tradición nacional. Sin embargo, Borges recupera esta tradición desde otras tradiciones, por ejemplo, la europea, la del hombre de letras: en términos de Sarmiento, podríamos decir que Borges construye e incorpora en su escritura la imagen del bárbaro desde la cultura del civilizado. En su ensayo sobre Borges y el género gauchesco, Josefine Ludmer dice que Borges enfrentó la autobiografía de Hernández con los códigos y la escritura de Sarmiento. Hace un texto civilizado sobre la barbarie.

Estas dos tradiciones, lo criollo y lo europeo, son las que, fusionándose, producen la escritura borgeana.

En este sentido es que Piglia, resumiendo un corpus extenso de crítica literaria sobre el tema, habla de los dos linajes, un linaje doble: el de sus antepasados de sangre, sus mayores, los militares, y sus antepasados literarios, la biblioteca de ilimitados libros ingleses de su padre. Por parte de la madre recibe una tradición criolla y por parte del padre una tradición literaria. Lo que hay en uno de los extremos es lo que falta en el otro, y Borges construye su obra a partir de una síntesis. Clara Glencairn, la pintora del cuento El duelo, dice que “no existe una oposición entre lo tradicional y lo nuevo, entre el orden y la aventura”. De hecho Borges, con su escritura, demuestra que la tradición europea es genuinamente argentina, es materia de la cultura argentina, al punto que se confunden, se entreveran, tal como la cautiva de Historia del guerrero y la cautiva, una inglesa que se convierte en India. La literatura de Borges es el mestizaje de estos dos linajes: el resultado es la literatura argentina, la literatura de Borges. Al mismo tiempo, Borges marca límites, diferencias, por ejemplo ubicándose biográficamente más del lado de la tradición inglesa: yo no fui valiente, yo no merecí usar la espada.

Sobre la importancia de su linaje biográfico a la hora de producir una literatura nacional, es significativo el hecho de que Borges se ponga a sí mismo como personaje: Rosendo Juárez y el protagonista de El hombre de la esquina rosada le cuentan los hechos a Borges mismo, ubicado en esta función del hombre que se documenta sobre los malevos frente al que los conoció. Y aquí podemos hablar de la apropiación que hace Borges de la tradición gauchesca, que es la que más evidentemente expone la violencia y el coraje como cifra nacional, desde José Hernández, o el folletín Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez. El narrador de Hombre de la esquina rosada dice que un pueblo, cuando más sufrido, más obligación tiene de ser guapo. Es decir que la realidad argentina es la que determina este culto al coraje que es uno de los tópicos de la gauchesca.

Borges lee toda esta tradición y la reelabora, la define fundiéndola con la tradición letrada de su linaje literario. Escribe nuevamente el poema de Hernández, y en este caso los cuentos claves serían El fin y la Biografía de Tadeo Isidoro Cruz. En estos cuentos, en principio, aparece nuevamente el tópico del destino sudamericano: los personajes son buscados por este destino, se entregan a él. Martín Fierro cuando va a pelear con el moreno, Cruz cuando lo ve a Martín Fierro y elige dejar de ser un sargento para ser un gaucho fugitivo entre los indios. Borges, en varios cuentos, trabaja con estos tópicos gauchescos del coraje y de la muerte violenta entendida como cifra nacional.

En Borges, un escritor en las orillas, Beatriz Sarlo se ocupa de hacer un análisis más sociológico de esos tópicos. Es la peculiaridad argentina, un país periférico, que en el siglo XIX todavía no había logrado un Estado constituido, un orden social legítimo, lo que produce estos códigos del honor, del culto al coraje, del duelo: el individuo se tiene que hacer cargo de la justicia porque ese es un lugar que el Estado todavía no ocupa. El duelo y la venganza establecen una ley no escrita, y el individuo tiene que proceder según un código de honor propio, porque no puede ampararse en instituciones sociales capaces de mediar en los conflictos de los ciudadanos y resolverlos. En Nuestro pobre individualismo Borges dice que para el argentino el Estado es una abstracción, no puede concebirlo. De modo que la violencia es una cifra nacional porque define la cultura criolla y, como dice Sarlo, es vivida como un destino americano porque durante siglos había puesto a los hombres en un límite en dónde sólo la resignación y el coraje eran virtudes adecuadas.

Finalmente podríamos decir, con respecto al Poema Conjetural, que al ser escrito en 1943 nos remite al universo del peronismo, del antiperonismo más bien, en tanto que los federales que matan a su tío bisabuelo, el unitario, son ahora los cabecitas negras que dilapidan al judío culto en La fiesta del monstruo. Acá se recupera, dentro de la tradición literaria, El matadero, de modo que la violencia como cifra nacional sigue funcionando en la literatura de Borges a la hora de aludir a los fenómenos políticos del siglo XX. Desde luego que ya no se trata de una violencia asociada al culto del coraje, al duelo, al cuchillo: es la violencia de la masa contra el sujeto, del muchos contra uno, o del Estado mismo, que antes era una figura desplazada por el coraje del individuo. Ahora el Estado está consolidado y existe la violencia dictatorial, que Borges sabe identificar mejor en el extranjero que en su país: la violencia del nazismo que le inspiran los artículos publicados en Sur, o cuentos como Deutsches Requiem, en donde Otto dice que, para llevar a cabo la misión del nazismo, la historia les exigía dejar de ser individuos.

1 comentario:

alicia Solda dijo...

Perspectiva muy interesante que ayuda a comprender el universo conceptual y literario de Borges.