jueves, 17 de diciembre de 2009

Apuntes sobre literatura argentina y violencia: La invasión del peronismo.

Si tomamos textos como Cabecita negra, de Rozenmacher, La banda, de Cortázar, y Sábado de Gloria, de Estrada, y procuramos hacer una lectura desde el eje de la violencia política, nos sentimos obligados a vincularlos con el contexto del peronismo. Carlos Gamerro, que analiza Casa tomada, dice que este tipo de literatura está tan asociada al peronismo, que ahora ni siquiera se trata de que es necesario leerlos para explicar el peronismo: es el peronismo lo que explicamos con estos cuentos. ¿Dónde entra la violencia en esta lectura? En la lucha de clases, principalmente. Si nos atenemos a la frase de Voloshinov, el signo es la arena de la lucha de clases, vemos que en estos textos, escritos entre los años cuarenta y los cincuenta, hay una violencia clasista, un enfrentamiento entre lo que sería la capa intelectual de clase media y los cabecitas negras, la masas populares que entran en escena en la vida política a partir del 17 de octubre del 45. Por eso la violencia se trata de una invasión: las masas invaden espacios que hasta ese momento estaban libres de ellas. En Buenos Aires, alienación y vida cotidiana, Sebrelli es el primero en dar esta clave de lectura: “Casa tomada expresa fantásticamente esa angustiosa sensación de invasión que el cabecita negra provoca en la clase media” (1964). Como la mayoría de los textos literarios no han sido escritos por cabecitas negras sino por intelectuales de las capas medias, todos ellos coinciden de algún modo en esta sensación de invasión, de no poder escuchar el último concierto de Alban Berg por culpa de los gritos populares, peronistas, del altoparlante. Andrés Avellaneda, en “El habla de la ideología”, dice:

“El sentimiento de invasión es típico en la clase media opositora al peronismo de la época, muchas veces racionalizado aquél prestigiosamente con la dicotomía de sarmiento de civilización frente a barbarie”.

Un gran lector de Sarmiento como Ezequiel Martínez Estrada es considerado por la crítica como el primero en producir un texto que da cuenta de esta violencia invasiva que la clase media percibe por parte de la clase alta. Isabel Stratta destaca que los veinte cuentos que escribió Estrada fueron entre 1943 y 1957, ni antes ni después, es decir, durante los años fuertes del peronismo. Todos ellos tematizan el acoso y el desamparo del hombre medio ante la invasión de las masas. Sábado de Gloria, si bien está ambientado en el golpe del 4 de junio del 43, nos remite al 17 de octubre del 45. Julio Nievas, que es el personaje principal, el típico empleado de clase media, sufre con el cambio de gobierno, podría decirse, con la aparición del peronismo, un proceso de invasión y de humillación. La invasión se da explícitamente en la cantidad infernal de empleados que se incorporan a la oficina. Se representa un mundo pesadillesco, lleno de agresiones por parte de una mayoría, y sobre todo una burocracia que la sostiene. En el discurso del mayor vemos, por el registro, por el tipo de lenguaje, que la jerga popular, de clase baja para el protagonista, se institucionaliza: “se sabe a la hora que se dentra pero no a la hora que se salirá”. También es destacable que su discurso gire en torno al trabajo, que es algo muy peronista. Detrás de este mayor se describe a un ordenanza como más alto y más morocho, y vestido de manera estrafalaria. Hay una mediocridad que toma el poder, que invade las jefaturas y, podríamos decir, el gobierno. Andrés Avellaneda interpreta en clave alegórica el episodio de Alcañaz, el empleado del banco que humilla a Nievas: su cuñado, el coronel Asmodeo, es Perón, y Alcañaz y su hermana son Juan Duarte y Evita. Esto es una alegoría de la violencia clasista entre la clase baja y la media: Julio Nieves, que antes había humillado a la clase baja, paga su culpa con la llegada del peronismo, y ahora el humillado es él y el cabecita negra tiene un cuñado que va a ser ministro del gobierno. También hay que destacar, en esta cadena de humillaciones, la visita del tío, prácticamente un pordiosero: a lo largo de todo el texto hay elementos que nos hacen pensar en esta fórmula de Sebrelli, la humillación del clase media por parte del cabecita negra.
Pero otro elemento interesante de este texto es la influencia kafkiana. La literatura de Kafka es ideal para representar la humillación y enajenación del individuo frente al poder de una burocracia omnipotente, institucionalizada, y gobernada por personajillos mediocres. Pero sobre todo porque se trata de una literatura que representa al mundo como una pesadilla. El peronismo, para este estrato social, fue vivido ciertamente como una pesadilla, un inverosímil, un simulacro, para citar a Borges. Esta representación pesadillesca de la sociedad peronista se ve en La fiesta del monstruo por ejemplo, pero también en Sábado de Gloria, que utiliza muchos recursos kafkianos para representarla. Adolfo Prieto destaca la naturaleza de las parábolas kafkianas en estos textos de Estrada: el espacio físico sobresaturado en el que viven los hombres; la espera sin esperanza; la normalidad con la que se presentan los acontecimientos extraordinarios, la incapacidad de comunicación, la indiferencia como una frontera insalvable entre los hombres, la ruptura de la relación convencional entre espacio y tiempo, la percepción de una subjetividad alienada. Dice Estrada de Kafka:

“Confieso que le debo muchísimo –el haber pasado de una credulidad ingenua a un certeza fenomenológica de que las leyes del mundo del espíritu son las del laberinto y no las del teorema”.

Andrés Avellaneda aclara que a esta influencia kafkiana Estrada le agrega elementos propios que serían la intensificación de los sentimientos de humillación física y moral de los personajes, y la ubicación en una circunstancia concreta que permite unicarlo en la historia. De hecho hay en Sábado de Gloria una tesis sobre la historia argentina, una mirada fatalista, negativa, que se basa en el mito del eterno retorno: lo que siempre vuelve es la barbarie, sea bajo la forma de las masas federales o las peronistas. Esto es algo que nos recuerda a Fin de Fiesta, de Beatriz Guido, en donde también se entiende la historia argentina como una fatalidad circular.
Si bien este texto de Estrada se considera como el primero en representar al peronismo como una invasión ultrajante de la masa, el texto más célebre es Casa tomada de Cortázar, un texto que puede interpretarse de muchas maneras, y sin embargo la lectura peronista es, dentro de la crítica, hegemónica. La casa de una vieja familia aristocrática en decadencia es tomada por una fuerza oscura, inevitable, que ni siquiera tiene una cara precisa. Incluso, leyéndolo en esta clave peronista, podríamos decir que el cuento no es antiperonista, porque esta pareja de hermanos no está muy valorizada, aparecen como dos seres indolentes, famélicos, decadentes, y uno puede pensar que está muy bien que haya sucedido esto. Más allá de la pluralidad de lecturas, es evidente que tiene fuerza la lectura de la invasión, de esta violencia clasista que sufre el hombre medio. David Viñas, cuando dice que la literatura argentina empieza con una violación y así sigue, considera esta toma de la casa como una de las violaciones, la violación del espacio privado, íntimo. Para reforzar esta lectura peronista, Rozenmacher publica en 1962 Cabecita Negra, que vendría a ser, en esta línea de lectura, una reformulación irónica de Casa tomada: aquí lo que se quiere interpretar en Casa tomada es explícito: el señor Lanari es el invadido, un ciudadano de clase media, conservador y clasista, que habla de los pobres como “los negros”, y una pareja de cabecitas negras, el policía y su hermana, le invaden la casa, se le acuestan en la cama, le toman el whisky. No se puede precisar del todo si fue Sebrelli o Rosenmacher el primero en hacer esta lectura de Casa tomada, e ignoro si hay alguna entrevista a Rozenmacher que sea iluminadora. De cualquier modo, a esta altura es imposible desvincular estos textos del peronismo. Y si bien Casa tomada puede leerse sin este criterio, sin ningún problema, hay otros cuentos de Cortázar que sí nos exigen una lectura peronista, como La banda, de Fin del juego, en donde hay referencias históricas, como la fecha, que es febrero de 1947. Es impresionante, en este texto, la manera despectiva con la que se representa a los personajes de las capas populares, que son los que le invaden el Gran Cine Ópera al protagonista: son cuerpos. Luego precisa que se trata de “cocineras endomingadas”, pero en un primer momento se refiere a ellos como cuerpos, ni siquiera se trata de personas. Este cuento narra la vida de ese Cortázar que no podía escuchar su música culta por culpa de los altoparlantes. Y acá la referencia peronista, además de la fecha, es transparente ya que esta banda, que es toda una masa popular y grosera, es la “BANDA de alpargatas”, es decir, alpargatas sí, y libros no. Vemos entonces la invasión de estos personajes de clase baja, de estos cabecitas negras, que a lo largo del corpus de textos sobre peronismo aparecen siempre calificados de una manera similar: los monstruos, para el Cortázar de las puertas del cielo; los roñosos para el coronel de Esa mujer; los negros, en Rozenmacher y Fogwill; en todos los casos, se trata de los cabecitas negras que ponen las patas en las fuentes de la plaza de mayo, que invaden la escena política, y provocan en la clase media una sensación de pesadilla, de humillación, de inseguridad.

Cabecita Negra termina así: “y de pronto el señor Lanari supo que desde entonces jamás estaría seguro de nada. De nada”.

Y el narrador de La banda, expresa la invasión en estos términos: “comprendió que esa visión podía prolongarse a la calle, a El Galeón, a su traje azul, a su programa de la noche, a su oficina de mañana, a su plan de ahorro, a su veraneo de marzo, a su amiga, a su madurez, al día de su muerte”.

1 comentario:

Ryan dijo...

Hola Alejandro, Encontré su blog via una búsqueda en google de la violencia y borges. Soy estudiante graduado aqui en la universidad de Indiana y trabajo con la violencia epistemologica y tropologica en los textos argentinos desde Sarmiento hasta Gelman y Piglia. Me interesa mucho lo que ha escrito aqui porque son pensamiento algunos que yo he tenido tambien. Me encantaría comunicarme con ud. de vez en cuando para compartir ideas y chatear de la filosofía y la literatura de su país. Hay poca gente aqui con quien puedo hablar de estas cosas. Mi e-mail es rhallows@indiana.edu si le interesa.